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Historia antigua de las monjas dominicas

catalinaPor José Omar Tinajero Morales

Especialista en historia de la Orden de Predicadores

En un viaje realizado rumbo al norte de Europa, el obispo de Osma, Diego de Acebes y el canónigo, Domingo de Guzmán; se percataron del avance albigense y a partir de entonces generaron un proyecto que a través del ejemplo y la palabra, lograra convertir a este grupo.

Las mujeres fueron las primeras en entender los planteamientos evangélicos, por lo que Diego de Acebes y Domingo de Guzmán fundaron en la fiesta de santa María Magdalena, el monasterio de Nuestra Señora de Prulla en el año de 1206. Sus objetivos eran brindar un espacio a las mujeres que se alejaban de los albigenses y para mantener firmes a las que profesaban la fe católica. Este acontecimiento es básico en la historia de la Orden de Predicadores, ya que la primera rama que existió fue la de las mujeres y será hasta el año de 1215, cuando se llegó a consolidar, la rama de los frailes.

Legislación de las monjas dominicas

Domingo de Guzmán les dio a las monjas, su espiritualidad y fue su legislador. En 1221 existían cuatro monasterios: Prulla, San Sixto, San Esteban de Gormaz y Madrid. El último había sido erigido por el mismo Domingo en el año de 1218 y a las monjas de esta comunidad les escribió una carta para que siguieran la estricta observancia de las constituciones, el silencio y la obediencia. El beato Jordán de Sajonia, sucesor de santo Domingo en el generalato, apoyó mucho a las monjas, en especial a Diana de Andaló, con la que entabló comunicación epistolar. Precisamente sus cartas son un monumento sobre la amistad, la cual cuando es auténtica conduce a las buenas obras y nos lleva a la santidad. La legislación de las monjas dominicas se basó primero en las Constituciones Primitivas que Domingo formuló para el monasterio de Prulla. Estas instrucciones fueron retomadas para la legislación de las monjas de san Sixto en Roma en los años de 1219-20. Después se les hicieron adiciones en 1228 y 1232.

El Capítulo General de 1252 señaló que el cuidado de las monjas no estaba entre los objetivos prioritarios, por lo que sólo Prulla y San Sixto tendrían religiosos para atenderlas. En lo demás podrían seguir con el hábito, liturgia y legislación dominica, pero bajo el cuidado del obispo Las monjas apelaron la resolución y para 1259 maestro general Humberto de Romans promulgó las Constituciones revisadas que estuvieron vigentes hasta 1932. El objetivo de fray Humberto era que todas las monjas de la orden siguieran las mismas instrucciones, lo cual les dio unidad, identidad y delimitó su carisma: “Orar, vivir fraternalmente del trabajo y asumir con gozo un camino de ascesis “.

Figuras del monacato dominico

Precisamente en manos del beato Humberto de Romans profesó la primera gran figura del monacato dominico, santa Margarita de Hungría ( 1242-1270), princesa de esa región y que vivió en los monasterios de Veszprém y de la isla de la Virgen María, este último en el Danubio. El papa Clemente IV en 1267 puso a todos los monasterios dominicos bajo el cuidado del maestro general, cuestión que se conservó en muchos lugares aun después del Concilio de Trento, el cual exigió que todas las comunidades de monjas estuvieran bajo la vigilancia del diocesano.

La segunda gran figura del monacato dominicano fue santa Inés de Montepoliciano, cuando la nombraron priora se preguntó a que orden debía afiliar a su comunidad, la respuesta la tuvo por un sueño, en el que veía a varios fundadores en muchas barcas, pero una tenía por piloto a santo Domingo, quien le decía que el monasterio de Montepoliciano se debería unir a la Orden de Predicadores.

El monacato dominico en el siglo XIV

En el siglo XIV los conventos y monasterios quedaron desolados y para subsanar las ausencias se permitió entrar a la comunidad a personas sin vocación religiosa, lo que produjo un relajamiento de costumbres. La mística fue la base de la reforma de costumbres de la Orden de Predicadores, Enrique Susón entabló comunicación con sor Isabel Stagel, quien sería después la biógrafa del Enamorado de la Sabiduría Eterna.

Por su parte, el beato Raimundo de Capua fue el confesor y biógrafo de santa Catalina de Siena, seglar dominica y hoy doctora de la Iglesia. A su vez Raimundo escribió la biografía de santa Inés de Montepoliciano. Tanto Catalina como santa Inés se convirtieron en los principales modelos de las monjas dominicasm aunque la primera era terciaria. Juan Dominici continuador de la labor de Raimundo de Capua y de santa Catalina de Siena, fundó el monasterio de Corpus Christi en Venecia en el año de 1394, para lograr la reforma de la segunda orden. Con el mismo objetivo un poco antes en 1385 Clara Gambacorta erigió el monasterio de Pisa.

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