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La mística oriental en la publicación del primer libro en América

San Juan Clímaco

San Juan Clímaco

Por José Omar Tinajero Morales

Las experiencias de evangelización que habían obtenido las órdenes religiosas sirvieron de base para aculturar a los indígenas americanos. La mística y ascética que practicaban varios de los frailes, dio congruencia a sus palabras. Eremitismo y predicación fue una constante practicada por franciscanos, agustinos y dominicos, que se encontraban en plena reforma de costumbres.

Es importante hacer notar cómo en los primeros libros realizados en América se plasmaron obras de la patrística, como La santa Escala de san Juan Clímaco y de la mística, como la Imitación de Cristo, ésta última traducida incluso en lenguas indígenas como el náhuatl.

Contenido de La santa Escala de san Juan Clímaco

Después de la caída del imperio Romano de Oriente, se popularizaron en Europa, obras cristianas producidas en el Medio Oriente. Una de ellas fue La santa escala san Juan Clímaco, monje que había vivido en el siglo VII, en el emblemático monasterio de Santa Catarina, Sinaí.

La santa escala o scala al paraíso como también se le ha llamado es un libro de mística, ya que promueve la unión del alma con Dios, por medio de la perfección. La obra trata sobre las virtudes y como al enlazarse formaban una escalera para llegar al Cielo. Pero advierte, Clímaco que también los pecados se encadenan uno con otro, llevando a las almas al infierno.

Fray Juan de la Magdalena traductor del primer libro impreso en América

El fundador de los dominicos en México, fray Domingo de Betanzos, usaba como libro de texto para los novicios, La santa escala. El problema es que la obra estaba en latín y deseaba una traducción al castellano para facilitar la labor de los estudiantes.

En una ocasión que fray Domingo de Betanzos estaba en su eremitorio de Tepetlaoxtoc recibió a un joven llamado Juan de Estrada, que era hijo de Alonso de Estrada que había gobernado la Nueva España, antes de que llegara la Primera Audiencia. El joven había realizado estudios en Ciudad Real y luego vino con su padre al nuevo continente. Aquí conoció a fray Domingo de Betanzos. Al ver la vida austera que éste seguía, decidió entrar a la Orden de Predicadores, por lo que fue hasta Tepetlaoxtoc a pedir el hábito. De momento no se lo concedieron porque no llevaba el permiso de sus progenitores, pero ellos al ver intención tan noble, le dieron su bendición y entonces sí fue aceptado en la orden.

La traducción del primer libro impreso en América se hizo en Tepetlaoxtoc

Fray Domingo de Betanzos había escogido como lugar para llevar vida eremítica y evangelizar al antiguo señorío acolhua de Tepetlaoxtoc. En este lugar construyó la primera vicaría dominica en pueblo indígena, que se le denominaba doctrina, en el año de 1527, bajo la advocación de santa María Magdalena de quien era profundo devoto.

Betanzos reconoció de inmediato el talento que tenía Juan de Estrada, por lo que en vez de dejarlo realizar su noviciado en México, se lo llevó a la casa de Santa María Magdalena, Tepetlaoxtoc, donde le encomendó la tarea de traducir del latín al castellano, en 1535, la famosa obra de san Juan Clímaco, La santa escala.

Fray Domingo tenía la costumbre de que a todos los que acudían a esta casa y a cuantos en cualquier ocasión podía, procuraba promover la devoción a santa María Magdalena, para que a su imitación se ocupasen del amor de Dios, razón por la cual al profesar, Juan de Estrada, decidió llamarse fray Juan de la Magdalena.

Fray Juan de la Magdalena un personaje olvidado

A pesar de la importancia de la labor de fray Juan de la Magdalena, la cual fue consignada por los cronistas dominicos novohispanos, el tiempo hizo que se olvidara su memoria. En la actualidad que se empieza a revalorar la historia de la Nueva España y sus instituciones, bien vale la pena que se retomen temas de la cultura de esa época.

El resultado de las investigaciones seguramente será satisfactorio, al conocerse la vida y obra de personajes como fray Domingo de Betanzos, fray Bartolomé de las Casas, fray Tomás de Mercado, sor Juana Inés de la Cruz, entre muchos más. Ojalá que la figura de fray Juan de la Magdalena figure en los libros de texto y calles lleven su nombre para recordar el inicio de la imprenta en América.

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