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Carta de consuelo a quien ha perdido un ser querido

Por José Omar Tinajero Morales

A veces me preguntan por qué no lloro cuando se va un ser querido y en otras ocasiones incluso me critican y me tachan de frío o indiferente. A estas alturas he perdido ya, a muchos familiares y amigos que en su La Cruz de Cristomomento quise entrañablemente.

Pero el estudio sobre las cosas divinas me ha dado un enfoque diferente, que de hecho es el que quisiera Cristo que siguiéramos.

Dios ha permitido llenar nuestras vidas de familia, pareja, amigos para sobrellevar nuestro camino hacia la otra vida. Por eso es importante recordar que Dios es el verdadero dueño  de cada uno de los seres de la creación, Él nos los ha prestado más no son nuestros. Es precisamente ese sentimiento posesivo, tal vez egoísta, el que nos hace aferrarnos a los seres queridos  o incluso a cosas materiales.

Hemos perdido de vista que no sólo somos materia, ni que todo es dinero; por perder la brújula de los espiritual y de los valores estamos viviendo una serie de situaciones  inexplicables, en donde se ha perdido el respeto a la vida, a la dignidad de la persona humana y al apoyo mutuo. Debemos retomar el camino del humanismo integral cómo decía santa Catalina de Siena “La flores para Dios y el fruto para el prójimo porque sólo de las flores no se vive sino del prójimo, de tal manera que el honor para Dios y el servicio para el prójimo”.

Cristo le dijo a Marta: “te preocupas por muchas cosas pero sólo una es necesaria y María se ha quedado con la mejor parte, la que no le será quitada”. Marta representa la vida activa y Magdalena a la vida  contemplativa, si bien ambas son necesarias e incluso ambas se complementan el hilo conductor es primero la vida contemplativa (oración y estudio) para enriquecer y fortalecer la vida activa.

Santa Catalina de Siena  decía: que independientemente de si crees o no, todos tarde o temprano pasaremos por problemas, angustias, dolores, la diferencia es que para el que cree en Dios, todas estas situaciones adversas se convierten en enseñanzas, tienen sentido y si uno las pone como ofrenda en la Cruz de Cristo, entonces, también ayudan a lograr nuestra salvación. Cristo nos enseñó a afrontar esa vida de dolores en su pasión y cruenta muerte, pero también nos dejó la importante noticia de la resurrección.

La vida contemplativa nos lleva a conocer a Dios y a amarlo; a darnos cuenta de que necesitamos a Dios, por lo que es necesario el desprendimiento para luego abrir la razón al desasimiento, es decir, seguir su voluntad y llegar a la deificación.

Cuando se va un ser querido, es porque Dios ya quiere estar con Él. Pero es importante recordar que el alma nunca muere, es eterna y en ese lugar que Dios nos tiene preparada a cada uno de nosotros, nos ha prometido la felicidad y una vida sin dolor.

La otra buena noticia es que tarde o temprano los que se han ido resucitarán y así nos encontraremos de nuevo con los seres que hayamos amado en esta vida.

De esta forma cuando se va un ser querido, sólo se adelanta a estar con Dios, por lo que no es un adiós sino un hasta pronto.

Por eso si se ha adelantado alguien a quien amas, recuerda que sigue viviendo en Dios y en tu corazón.  No te culpes por nada, ni tampoco seas un implacable juez de venganza. Libera tu alma con el perdón y retoma tu vida con el consuelo de Dios. Recordemos lo que decía Job: “Dios tu me lo diste, tu me lo quitaste bendito sea Dios”

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